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Ruta de los Cátaros

 Salimos de Valencia y, después de varias paradas, llegamos a la Junquera donde comimos para reponer fuerzas. Pasamos la frontera y comenzamos nuestro circuito cátaro en Lagrasse, un bonito pueblo con la abadía, Santa María de Lagrasse, fundada bajo la protección de Carlomagno. Nos explicaron el origen de la ciudad y su historia mientras los aromas de la lavanda llenaban el cálido ambiente medieval que se respiraba.


Al día siguiente, comenzamos la visita por la catedral románica y sus diferentes ampliaciones. Recorrimos sus plazas y calles hasta llegar al convento de los Jacobinos con unas interesantes columnas y de amplio espacio. Terminamos la visita en la plaza del Capitolio, sede del ayuntamiento.



Por la tarde, nos trasladamos a Mirepoix. Dimos un paseo por esta localidad en donde el tiempo parece haberse detenido. Visitamos la Iglesia gótica de San Mauricio, la más ancha de Francia, con 22 metros. Además, Mirepoix es una de las ciudades más bonitas por su catedral y su plaza porticada. Ya en la Plaza Mayor descubrimos la Casa de los Cónsules, hoy un hotel restaurante con sus vigas de madera y sus caras y monstruos grabados en los pilares. 


Arrancamos tercer día de viaje en la ciudad de Sarlat. Destacamos la plaza del Ayuntamiento y el mercado, instalado en una iglesia desacralizada. Capital del Perigord Negro, tierra de trufas, nueces y patés. Antiguo centro abacial e importante ciudad de comerciantes, burgueses y magistrados, alcanzó su apogeo en los siglos XIII y XIV. De esta época data el Viejo Sarlat, conjunto urbano armónico, perfectamente conservado y lleno de palacios góticos y renacentistas que conforman una ciudad de increíble belleza.


La tarde la dedicamos a visitar el pueblo medieval de Saint-Cirq-Lapopie. Tras un recorrido de bosques y Lagos, este pueblo declarado como uno de los favoritos de los franceses, nos recibió con música ya que coincidía con el día de la música en Francia. Recorrimos las calles medievales, su iglesia y su acantilado junto al río Lot.



A la mañana siguiente salimos en dirección Albi. La llegada a la Plaza de Santa Cecilia en Albi es algo impactante ya que todas las miradas se clavan en la inmensa catedral fortaleza de ladrillo gótico un tanto sobria y austera pero que al entrar en su interior descubrimos una maravillosa decoración que nos deja sin palabras. El coro y las pinturas del altar mayor donde, de una manera casi tétrica y morbosa, se explicaba a los cristianos de aquella época la salvación de las almas y el temor a Dios.


Los Cátaros aparecen más que nunca en esta bella ciudad con una historia que nos sobrecogerá a todos. Salimos de la catedral para visitar el Palacio episcopal que es ahora el museo de Toulouse Lautrec y nos encontramos un maravilloso jardín francés en forma de flores de lis y unas preciosas vistas de río Tarn.